CARACTERISTICAS Y PROYECCIONES

Características socioculturales de la trabajadora asalariada del hogar

Foto: Harriet Bell 2014

De acuerdo a datos del Censo de Población y Vivienda de 2001 (INE), en el país existimos alrededor de 137.000 trabajadoras asalariadas del hogar que aportamos a la economía y al desarrollo del país. Sin embargo, nuestro aporte no es considerado relevante para el desarrollo económico nacional.

Las trabajadoras asalariadas del hogar, que comúnmente somos llamadas “empleadas domésticas”, en general emigramos del campo a la ciudad, con altos niveles de analfabetismo, pobreza, sin documentación básica ni formación técnica o profesional, y de culturas y costumbres diferentes a las citadinas. Con esas características sociales, nuestra única opción es la de trabajar en casas de familia prestando servicios domésticos: cocina, aseo general de la casa, lavandería, atención de niños y personas enfermas y cuidado de la casa de los empleadores.

Características socio laborales de nuestro trabajo

Las condiciones socio laborales de nosotras las trabajadoras asalariadas del hogar se caracterizan, principalmente, porque no tenemos formación técnica y la dificultad de acceder a la seguridad social, atribuidas fundamentalmente a la desvalorización del trabajo femenino reproductivo, al éxodo campo-ciudad, donde los índices de analfabetismo y deserción escolar son alarmantes, a los bajos niveles de ingreso dado el desempeño y nivel de ocupación y también a aspectos culturales coloniales (machismo) que obstaculizan la inserción de nuestro sector en el mercado de trabajo local y nacional, generando discriminación y vulneración de nuestros derechos.

El 80% de las trabajadoras asalariadas del hogar no asistimos a ninguna institución educativa (pública o privada) que nos permita mejorar nuestras condiciones de vida, lo que trae como consecuencia la deficiente calidad de nuestras vidas.

El trabajo asalariado del hogar, como una forma de trabajo plenamente independiente y por cuenta propia, se ajusta a los conceptos de subordinación y dependencia del trabajo asalariado, presentando mayor rotación de mano de obra, salarios bajos, mayor proporción de trabajadoras mujeres, menor nivel educativo y ninguna calificación profesional, así como altas tasas de empleo juvenil.

Nuestro trabajo es denominado empleo irregular, que es la prestación laboral que incumple algún aspecto de la legislación laboral, es decir, comprende prestaciones retribuidas que no se registran como un aporte al Producto Interno Bruto y a la Renta Nacional.

Situación socio laboral de la trabajadora asalariada del hogar

Con todo, a pesar de contar con una Ley, las condiciones de vida y de trabajo de nosotras mujeres trabajadoras asalariadas del hogar han cambiado muy poco. Testimonios recientes revelan la continuidad de situaciones de discriminación por razones de género, raza y, sobre todo, la desvalorización del trabajo del hogar, cuyo efecto más notable es la paga de sumas inferiores al resto de trabajadores asalariados, la carencia de seguridad social quedando el pago de beneficios sociales sujeto a discrecionalidad e injusticia, a pesar de que la misma Constitución Política del Estado, en su Art. 7, reconoce la salud y el seguro de salud como derechos.

Junto a ello, la jornada laboral de más de 12 y 15 horas continuas es otro motivo de preocupación porque por el hecho de que las trabajadoras del hogar habitamos y nos alimentamos en el lugar de trabajo, se nos obliga a trabajar durante largas jornada de trabajo. Esta situación laboral de ninguna manera justifica la vulneración de derechos humanos (salario justo, salud, educación, seguridad social y beneficios sociales) estipulados en la Constitución Política del Estado.

A ello se suma la desvalorización del trabajo doméstico por parte de empleadoras y empleadores. La condición social de las trabajadoras del hogar, que en su mayoría provenimos de zonas rurales tradicionalmente pobres y las condiciones de discriminación por razones de género contribuyen a una desvalorización del trabajo en el hogar y, por tanto, a su invisibilización.

En suma, bajo estas características, las trabajadoras asalariadas del hogar, no gozamos de ningún tipo de asistencia técnica en cuanto al dominio que debemos tener de nuestro oficio, enfrentamos bajos salarios, maltrato, violencia, acoso sexual, violación y discriminación. Junto a ello, las características particulares de la relación entre trabajadora y empleadora impiden que podamos gozar de los derechos laborales y sociales establecidos a favor de cualquier trabajador.

Proyecciones de nuestra lucha sindical

Ante esa realidad, las dificultades no sólo son por la no aceptación por parte de los empleadores, de los derechos de la trabajadora del hogar estipulados en la Ley. Lo paradójico es que los propios funcionarios que deberían hacer respetar la Ley, son los primeros en ignorarla.

En ese aspecto, las trabajadoras asalariadas del hogar afiliadas a la FENATRAHOB vemos la necesidad de desarrollar tareas de sensibilización sobre el carácter de las relaciones laborales entre empleadores y trabajadoras del hogar. No se puede justificar un trato discriminatorio velando primero los derechos de las personas que contratan un servicio doméstico y, al mismo tiempo, ignorando los derechos de quienes realizan este trabajo.

Por otro lado, tras la aprobación de la Ley 2450, las características de la lucha sindical han cambiado. Antes luchábamos para hacer aprobar la Ley, como si fuera nuestro único objetivo. Además, algunas habíamos supuesto que una vez promulgada la Ley nuestros problemas se resolverían inmediatamente.

No fue así. Ahora debemos luchar para que se profundice la aplicación correcta, la aplicación justa de la Ley.

Aquí, las dificultades son mayores por nuestras particulares condiciones de trabajo. La gran dispersión de las compañeras trabajadoras asalariadas del hogar (generalmente una en cada hogar citadino) dificultan el trabajo educativo de nuestras organizaciones para hacer conocer las Leyes que protegen nuestros derechos humanos y laborales y para desarrollar una acción político organizativa para hacerlos respetar.

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